Cinco cervezas más tarde y
una veintena de cigarrillos.
Ese sabor agrio en la boca.
Son las tres de la mañana y
sigo acá pero vos también.
clavada entre mis ojos,
un fantasma.
Sonrisas que no son,
abrazos fríos, mentiras,
un laberinto. El miedo.
Mi cerebro no se apaga
y ya no puedo entumecerlo.
Cenizas desparramadas
por todos lados,
la cerveza ya caliente.
Son las tres de la mañana
y el sol no sale a hasta las seis.
Queda noche para rato.
No hay comentarios:
Publicar un comentario